El Gran Duque Vladimir, un refugiado en España. Centenario del nacimiento de un símbolo viviente. Por José Luis Sampedro Escolar

Jueves, 31 de Agosto de 2017
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gran_duque_vladimir Desgraciadamente ha cobrado actualidad el fenómeno trágico de la emigración política, que no es nuevo en la  Historia. España, entre 1939 y 1975, fue tierra acogedora para las víctimas del comunismo internacional. En nuestra patria establecieron su hogar los miembros de las Familias Reales de Bulgaria y  Albania, el ex Regente Nicolás de Rumanía, varios descendientes de la antigua Familia Real de Georgia y el Gran Duque Vladimir, Jefe de la Dinastía Romanov entre 1938 y 1992. Queremos evocar la figura de este príncipe porque hubiera cumplido cien años, pues vio la luz el 30 de agosto de 1917.

Al percatarse del peligro tras la revolución de 1917, el Gran Duque Khirill, primo hermano del Zar Nicolás II, se retiró a Finlandia con sus hijas, María y Kira, y su esposa, la  Gran Duquesa Victoria Fiodorovna, embarazada, en una situación delicada, pues ya contaba con cuarenta años, acogidos por el general Etter en la localidad de Borgo, donde se produjo el alumbramiento. Finlandia  aún era parte del imperio de los zares en agosto de 1917, pues el Gobierno Provisional no se atrevió a proclamar la república hasta el 14 de septiembre, tras el fracaso de la intentona de Kornilov.

El 18 de septiembre de 1917, en el Bautismo, se dio al recién nacido el nombre de su abuelo paterno, Vladimir, que también era el nombre del Gran Duque de Kiev que introdujo el cristianismo en Rusia. El padre quiso respetar en lo posible las tradiciones dinásticas, trasladándose a Borgo el arcipreste Dernov, Capellán del Palacio de Invierno, en Petrogrado, que portó el libro de bautismos de la Familia Imperial, en el que quedó inscrito el neonato, a quien apadrinaron su abuela paterna, la Gran Duquesa María Paulovna, y el Gran Duque Boris, hermano de su padre. Vladimir Kirilovich vino al mundo, pues, en el Imperio de sus antepasados y vigente aún la monarquía de la que estaba llamado a ser titular. En 1924, sin esperanza de supervivencia de Nicolás II, de su hijo Alexis y del Gran Duque Miguel,  Khirill se proclama Emperador en el exilio.  Y Vladimir y sus hermanas pasaron a titularse Grandes Duques de Rusia.

La vida de exiliado marcó la infancia de Vladimir. La familia se instaló en Coburgo, pero la crisis política y económica en la República de Weimar aconsejaron mudarse a Saint-Briac, cerca de Dinard, en una morada de corte burgués llamada Ker-Argonid (Victoria, el nombre de la señora de la casa, en lengua vernácula).

En 1938, al fallecimiento de Khirill, su hijo Vladimir, apenas con veinte años, se convirtió en Jefe de la Dinastía, difícil puesto en Europa a punto de incendiarse en la II Guerra Mundial. En 1942, se negó a firmar un manifiesto pidiendo a los rusos emigrados que apoyaran a los nazis contra la Unión Soviética, siendo internado en un campo de concentración en Compiègne hasta 1944. Al hundimiento del III Reich, Vladimir pasó a Austria, y, para no caer en poder soviético, trató de salir del país, pero ni Suiza ni Liechtenstein le expidieron visado. Finalmente, su tía, la Infanta Beatriz de Coburgo consiguió un visado español, para trasladarse junto a ella, en Sanlúcar de Barrameda.

La estabilidad conseguida le permitió dedicarse a la causa de la Monarquía rusa que encarnaba. En 1948 contrajo matrimonio con la Princesa Leonida Bagratión Mujranski, de la antigua Dinastía de Georgia, en Lausana y en 1953 nació su única hija y heredera dinástica, la Gran Duquesa María. Compartiendo residencia entre Francia y España, su esfuerzo como mantenedor de la llama de la Rusia eterna merece respeto por la dificultad que entrañaba la omnipresencia soviética en expansión hasta los años 70 y por la animadversión de otros sectores. Hizo giras por todo el orbe, visitando a los emigrados rusos y animándoles a mantener sus valores y su cultura donde radicasen. Son de recordar sus actuaciones en aniversarios señalados, como el Milenario del Bautismo de Rusia, celebrado en 1988.

Como representante de la Dinastía rusa asistió a actos como el bautismo del actual Rey, Felipe VI, en 1968, el funeral de Doña Victoria Eugenia en 1969 y la Misa de Espíritu Santo al inicio del reinado de Juan Carlos I, en 1975, o en similares acontecimientos de las Casas soberanas de Prusia, Bulgaria, Italia, Albania, Mónaco, Bailío Gran Cruz de la Orden de Malta, ostentó las órdenes dinásticas del Águila Negra de Prusia (conferida por el Kaiser en 1938) e italianas (otorgadas por Umberto II) aunque hay que desmentir que fuese condecorado con la Orden Victoriana, error en el que cae Wikipedia por confundirlo con su abuelo homónimo, el Gran Duque Vladimir Alexándrovich, que sí había recibido esta distinción británica. Como Jefe de la Dinastía Románov ostentaba la soberanía de las órdenes imperiales rusas: San Andrés, Santa Catalina, San Jorge, San Alexander Newski, Santa Ana y San Estanislas, San Nicolás el Taumaturgo, y San Miguel.

Tuvo la alegría de ser testigo de la caída de la URSS, presidiendo, invitado por las autoridades locales, en 1991, la recuperación del nombre de San Petersburgo suplantado por el de Leningrado, viajando a esa capital, y así pudo conocer los palacios de sus antepasados y rendirles homenaje en sus sepulturas, pero esta alegría fue efímera, ya que falleció de un ataque cardiaco en Miami el 21 de abril de 1992, en el transcurso de un encuentro con medios empresariales estadounidenses a los que invitaba a invertir en su patria recién liberada del Comunismo. Recibió sepultura en el Panteón familiar petersburgués, donde  se reunió con su viuda, fallecida en Madrid en 2010.

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