Apertura del curso académico 2010-2011 en la Real Academia Matritense

Viernes, 17 de Diciembre de 2010
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El Prof. Dr. Don Alfonso Bullón de Mendoza disertó sobre los aristócratas muertos en la guerra civil española.

Apertura-Curso2010-2011

 

En la tarde del pasado 27 de octubre de 2010 tuvo lugar en el salón de actos de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País la ceremonia de apertura del presente curso académico de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, presidida por su Director, don Jaime de Salazar y Acha.
Tras la lectura realizada por el Secretario, don Ernesto Fernández-Xesta y Vázquez, de la memoria anual de actividades, pronunció la lección inaugural el profesor don Alfonso Bullón de Mendoza y Gómez de Valugera, Catedrático de Historia Contemporánea y antiguo Rector de la Universidad San Pablo-CEU, quien disertó sobre el tema Memoria histórica de los aristócratas muertos en la guerra civil española, en el que puso de manifiesto los nombres y circunstancias de los más de dos centenares de miembros de la nobleza titulada española asesinados durante nuestra guerra civil, por el mero hecho de su nacimiento y posición social. Honró con su presencia el acto el Duque de Aliaga, Decano de la Diputación Permanente y Consejo de la Grandeza de España. 
El profesor Bullón de Mendoza, a lo largo de su disertación, hizo un amplio recorrido por los miembros de la nobleza titulada española, y sus hijos, fallecidos durante la guerra civil. Se refirió al trabajo del Marqués de San Juan de Piedras Albas, que indagó sobre las vicisitudes de la aristocracia, a través de entrevistas personales y de análisis de la correspondencia durante el conflicto. Explicó como, a medida que se ha avanzando en la investigación durante los últimos sesenta años, ha ido aumentando el número identificado de aristócratas muertos, muchos de ellos de forma violenta, durante la contienda. María del Mar Bermejo había hablado de que en Madrid fueron asesinados 66 títulos durante la guerra. En total se han identificado al menos 214 en toda España, de los cuales la mayoría fueron asesinados, otros muertos en combate y sólo algunos fallecidos por otras causas. 
Don Alfonso Bullón de Mendoza citó los casos –entre otros- de los duques de Canalejas, Hornachuelos, Lerma, Moctezuma, Montalto, T’Serclaes, Veragua, Victoria (Conde de Luchana),... De los marqueses de Aguilafuerte, Alginet, Balboa, Benalúa, Casa Estrada, Castel Bravo, Esquilache, Fontalba, Mochales, Casa Pavón y Casa Bermeja, Muñiz, Padierna, San Miguel de la Vega, Seijas, Silvela,... De los condes de Cazalla del Río, Cedillo (consorte), Las Navas, Romilla (hermano del Marqués de Castel Bravo, ya citado), San Antolín de Sotillo (la condesa), San Antonio de Vista Alegre, Santa Engracia, Torre Arias, Torre de Zela,... De los barones de Andilla o Yecla. 
Mencionó los episodios de refugio en embajadas, las denuncias por parte de criados desagradecidos y traidores, de los que fueron invitados a servir en el ejército republicano y fueron fusilados al negarse, de los caídos en la masacre de Paracuellos del Jarama. Citó los casos del Duque de Almenara Alta; de los marqueses de Almenara, Aymerich, Benicarló, Buenavista, Campo Fuerte, Delicias de Tempú, Gorbea, Navarrés, Real Agrado, Rincón del San Ildefonso, Torres de Orán, Villanueva de Langre, Villanueva de Valdueza... ; de los condes de Altamira, Fuenrubia, Moriles, Montijo, San Fernando de la Unión, San Simón, Trastamara,...; o de los vizcondes de Arbeloa o de San Germán.
Reseñó los fallecidos en acción de guerra como los duques de los Castillejos o de Fernán Núñez, el que más títulos tenía de los muertos, con 17 títulos y 5 grandezas de España; los marqueses de Almenara, La Candia, Estepa, Gándara, Orán, Romero de Toro, Santa Fe de Guardiola, Tamarit, Tejares, Vega de Boecillo, Villamartín o Yanduri; los condes de Barajas, Belloch, Campomanes, Motrico, Pomar, Serrallo, Villacreces, Villagonzalo, Villanueva de Soto o Zugasti; los vizcondes de Benaoján, La Dehesilla, del Pontón o de la Puebla de Alcocer. 
Leyó algunas emotivas cartas dirigidas por alguno de los nobles titulados a su esposa antes de morir, encargándole la educación de sus hijos en el amor a Dios y a la Patria. Se detuvo en clasificar por regiones los titulados fallecidos. Y así, citó en Andalucía a los marqueses de Guirior (consorte), de la Paniega, de Sotomayor y de Torrealba y a los condes de Corbull, de San Isidro y de Santa Ana de la Vega; en Asturias al Marqués de Canillejas y al del Real Transporte; en Baleares al Conde de Pozo Ancho del Rey y al Barón de Juliá; en Cataluña a los marqueses de Balanzó, Dasi, Juliá y Vilanova y la Geltrú, así como al Vizconde de Bosch Labrús; en Castilla-La Mancha al Duque de San Fernando de Quiroga, a los marqueses del Bosch de Arés, de Casa Treviño y de Cañada Honda, y a los condes de la Cañada y de Pestagua; en Murcia al Marqués de Fuente del Sol y al Conde de Reparaz; en el País Vasco al Duque de Castro Enríquez, a los marqueses de Ariluce de Ibarra, de los Castillejos, de Jódar, de las Hormazas, a los condes de Elósegui, Gracia Real, de Llobregat, de Valcabra, de Villar de Fuentes y de Zubiría, y al Vizconde de Escoriaza; en Valencia a los marqueses de Cáceres, Campo Fértil (consorte), Casa Real, Cea, Colomer, Estella, Laconi, Tejares (viudo) y Torrefranca; los condes de Obedos, Vallesa de Mandor y de Villamar, y la Baronesa de Torres Torres.
En definitiva, puso de manifiesto cómo durante la guerra civil española falleció un 11% de la nobleza titulada, con un total de 162 asesinados (el 77 %) por el sólo hecho de ser quienes eran –miembros de la élite nobiliaria española-, 37 muertos en combate y 15 por otras causas.


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