Con el título Los condes que luchan por salvar su palacete de la ‘turistificación’, el dominical El País Semanal del pasado 21 de diciembre dedicaba un amplio reportaje gráfico a mostrar el Palacio de Can Vivot, uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad de Palma, isla de Mallorca, propiedad de Pedro Montaner y Alonso, Conde de Zavellá y Grande de España, miembro Correspondiente de nuestra Academia desde el 4 de julio de 2005.
Pedro Montaner se licenció y doctoró en Historia por la Universidad de Barcelona con la tesis El brazo noble mallorquín durante los siglos XVI y XVII: su estructura y sus bases económicas, de la que publicaría un resumen en 1985. Profundizará en la historia social de Mallorca a través de variados estudios como Terra, treball i propietat (1986); o Una conspiración felipista: Mallorca 1711 (1990). Es coautor de Patios de Palma (1991). Son numerosos sus trabajos en el Butlletí de la Societat Arqueològica Lul.liana y en las Memòries de la Real Academia Mallorquina de Estudios Históricos, entre otras publicaciones. Desde 1982 hasta su jubilación ejerció como director del Archivo de la Biblioteca Municipal de Palma. Entre 1983 y 1987 fue director general de cultura del Govern Balear. Es también académico correspondiente en la Real Academia de la Historia.
Este reportaje de El País Semanal, firmado por la periodista Karelia Vázquez, expone las dificultades de su actual propietario para mantener el legado familiar, bombardeado con continuos requerimientos burocráticos y ofertas millonarias para transformar el Palacio, ‒único en Palma que se conserva intacto desde la última reforma realizada a finales del siglo XVIII, incluidos mobilario y su espléndida biblioteca‒, en un hotel boutique.
Felicitamos a nuestro compañero Pedro Montaner por su firme voluntad y desvelos en tratar de preservar un patrimonio declarado Monumento Artístico Nacional en 1973 y Bien de Interés Cultural (BIC) en 1985 frente a las fuertes presiones de una sociedad esclavizada por los intereses puramente económicos y unos poderes públicos que con demasiada frecuencia no saben apreciar la enorme importancia de los valores asociados a la herencia cultural y los linajes familiares.



